18 julio, 2010 - Una respuesta

Fuego somos Y fuego seremos.

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“AUM”

Principio.

I

El Secreto del Fuego se halla oculto en la segunda letra de la Palabra Sagrada. El misterio de la vida se halla oculto en el corazón. Cuando vibra el punto inferior, cuando el sagrado triángulo resplandece, cuando el punto, el centro medio y el ápice se unen y circula el Fuego, cuando arde el triple ápice, entonces los dos triángulos -el mayor y el menor- se fusionan en una sola llama, que todo lo consume.

II

“AUM” dijo el Poderoso Uno, y pronunció la Palabra. Las séptuples olas de la materia se disolvieron y aparecieron variedad de formas. Cada una ocupó su lugar en su esfera designada. Esperaron que entrara la sagrada corriente y las colmara.

Los Constructores respondieron al sagrado sonido. En colaboración musical se abocaron al trabajo. Construyeron en muchas esferas, comenzando por la tercera. En este plano se inició su trabajo. Construyeron la envoltura átmica y la enhebraron a su Primario.

“AUM” dijo el Poderoso Uno. “Que prosiga el trabajo. Que los constructores del aire continúen con el plan.”

El Señor de los Devas y los Constructores del plano del aire trabajaron con las formas dentro de esa esfera que ciertamente les pertenece. Intentaban establecer la unión en su grupo asignado. Sus manos producían rápidamente los moldes.

El sagrado plano de conjunción, el cuarto gran plano, se convirtió en la esfera, dentro del círculo mayor, que señalaba la meta para el hombre.

“AUM” dijo el Poderoso Uno, exhalando hacia el quinto, el plano de la tierra ardiente, el lugar de encuentro del fuego. Entonces se escuchó una nota cósmica debajo del sonido del sistema. El fuego interno y el fuego externo se encontraron con el fuego ascendente. Los guardianes del fuego cósmico y los devas del calor fohático vigilaron las formas que permanecían amorfas, esperando un punto en el tiempo.

Los constructores de menor grado, devas que trabajaban con la materia, moldearon las formas. Éstas se dividieron en cuatro grupos. Permanecieron en absoluto silencio en los triples niveles. Vibraron, respondieron a la tónica, sin embargo, permanecieron estériles y yermas.

“AUM” dijo el Poderoso Uno, “que afluyan también las aguas”. Los constructores de la esfera acuosa, que habitan en la humedad, produjeron las formas que se mueven en el reino de Varuna. Crecieron y se multiplicaron. Oscilaban en constante flujo. Cada reflujo en el movimiento cósmico aumentaba el interminable fluir. Se observaban las ondulaciones de las formas.

“AUM” dijo el Poderoso Uno, “que los Constructores se ocupen de la materia”. Lo que estaba en estado líquido se solidificó. Se construyeron las formas sólidas. La corteza se enfrió. Las rocas se endurecieron. Los constructores crearon la confusión para producir las diversas formas de maya. Cuando se completaron los estratos rocosos, el trabajo terminó. Los constructores de grado inferior anunciaron que el trabajo había llegado a su fin.

Del estrato rocoso surgió el otro estrato. Los constructores del segundo acordaron que ya estaba realizado el trabajo. El primero y el segundo, en el camino ascendente, permanecieron en forma cuádruple. Aquellos cuya vista era penetrante percibieron parcialmente a los cinco internos.

“AUM” dijo el Poderoso Uno, y contuvo Su Aliento. La chispa que existía en los habitantes del tercero dio impulso a un mayor crecimiento. Los constructores de las formas inferiores manipularon el maya más denso, fusionaron su producto con las formas construidas por los seres acuosos. La materia y el agua fusionadas produjeron, a su debido tiempo, el tercero. Así continuó la ascensión. Los constructores trabajaron unidos. Llamaron a los guardianes de la zona ígnea. La materia y el agua se mezclaron con el fuego, y conjuntamente con la chispa interna, dentro de la forma, se fusionaron.

El Poderoso Uno miró hacia abajo. Aprobó las formas. Surgió la demanda por mayor luz. Nuevamente recogió el sonido. Elevó hacia niveles superiores la tenue chispa de luz. Se escuchó otro tono, el sonido del fuego cósmico, oculto en los Hijos de Manas, quienes se dirigieron a sus Primarios. Los cuatro inferiores, los tres superiores y los cinco cósmicos se reunieron en la gran inhalación. Se formó una nueva envoltura.

III

La gran Rueda giró sobre sí misma. Las siete ruedas menores precipitadamente vinieron a la existencia. Giraron como su Madre, sobre sí mismas, internamente y hacia adelante. Todo lo que existe fue.

Las diversas ruedas unificadas eran una. A medida que giraba la gran Rueda, ardía el fuego interno. El contacto dio vida a la primera rueda. Circuló. Surgieron un millón de hogueras. Se solidificó la cualidad de la materia, pero aún no vino la forma a la existencia. Se irguieron los Hijos de Dios, escudriñaron la profundidad de la Llama, extrajeron de su corazón la sagrada Piedra de Fuego, de allí pasaron a la siguiente.

Al girar nuevamente la gran Rueda lanzó la segunda. Otra vez ardió la llama, atrajo hacia su corazón a la Piedra y continuó girando. Volvieron a erguirse los Hijos de Dios y escudriñaron dentro de la llama. “La forma no es apta”, dijeron, “retírenla del fuego”.

La gran Rueda giró con más rapidez; azul y blanca surgió entonces la llama. Los Hijos de Dios descendieron otra vez y una rueda menor giró. Siete veces giró y siete veces aumentó el calor. Se hizo más sólida la masa informe y se sumergió más profundamente la Piedra. La Piedra sagrada descendió hasta el corazón del fuego más recóndito. Esta vez el trabajo se realizó mejor, y el producto fue más perfecto. En la séptima revolución la tercera rueda devolvió la Piedra. Triple la forma, rosada la luz y séptuple el eterno principio.

Surgiendo de la gran Rueda, desde la bóveda celeste, vino a la luz la rueda menor que se constituyó en la cuarta. El eterno Lhas miró hacia abajo y se adelantaron los Hijos de Dios. Arrojaron la Piedra sagrada en lo más profundo de la muerte. Surgió el aplauso de los Chohanes. El trabajo llegó a un punto decisivo. Del abismo de la oscuridad externa extrajeron la Piedra, que ahora era transparente, pura, de color rosa y azul.

Las revoluciones de la quinta rueda y su actividad sobre la Piedra, la hicieron aún más apta. El tinte fusionador era amarillo, anaranjado el fuego interno, hasta que el amarillo, el rosa y el azul mezclaron sus tonos sutiles. Las cuatro ruedas conjuntamente con la mayor trabajaron sobre la Piedra, hasta que todos los Hijos de Dios aclamaron, diciendo, “El trabajo ha sido realizado”.

IV

En la quinta revolución de la gran Rueda se llegó al período destinado La rueda menor, que respondió a esa quinta gran vuelta: Pasó a través del ciclo y entró en la paz.

Las ruedas menores se presentaron y realizaron similarmente Su trabajo. La gran Rueda recogió nuevamente las chispas emanantes. Las Cinco se abocaron al trabajo, las dos menores se ocuparon de los detalles. La Piedra había reunido el fuego y brilló con llama ondulante La envoltura externa no satisfizo la necesidad hasta que la sexta y séptima ruedas la hicieron pasar a través de sus fuegos.

Los Hijos de Dios emergieron de su fuente de origen, observaron el séptuple trabajo y lo aprobaron. La Piedra fue engarzada sola. La gran Rueda giró con doble revolución El cuarto Señor de los Doce mayores manejó el trabajo del Séptuple fuego. “No es apto” dijo, “fusionen esta Piedra dentro de la rueda que comenzó a girar”

Los señores de los siete mayores arrojaron la Piedra dentro de la Rueda giratoria. Los señores del quinto y sexto mayores arrojaron también su Piedra

Dentro del fuego, en la esfera más recóndita, se fusionaron ambas a medida que la gran Rueda giraba a través del espacio, conduciendo a los siete menores. El cuarto, el quinto y el sexto se mezclaron, fusionaron y compenetraron.

Termino el eón, el trabajo fue realizado Se detuvieron las estrellas. El Eterno Uno exclamó al cielo más excelso: “Expongan el trabajo. Presenten las Piedras.” Y he aquí que las Piedras eran una.

V

Llegó el momento manvantárico, la hora que marcaba el solemne punto de conjunción esperado por todas las Tríadas; llegó dentro del tiempo estipulado. He aquí, que el trabajo fue realizado.

La hora que esperaron, durante milenios, los siete grupos “purúshicos”, vibrando cada uno al sonido de la Palabra e intentando adquirir más poder, pasó en un instante; he aquí, que el trabajo fue realizado:

El Primer Grado fue aclamado poderosamente pues consideraron que el momento era propicio; se emitió la triple nota que reverberó tres veces. El eco llegó a su destino. Lo devolvieron tres veces. Inquieta la esfera azul sintió la vibración y en respuesta sacudió su somnolencia, apresurándose a obedecer al llamado.

El Segundo, con sabia insistencia, al oír al Primero emitir el sonido, sabiendo que la hora había llegado, repitió el sonido con una nota cuádruple. Esta reverberación cuádruple recorrió la gama de las esferas. Nuevamente fue emitida. Tres veces se emitió la nota, repercutiendo a través de los cielos. En la tercera entonación llegó la respuesta al llamado. Vibrante, como afinada cuerda, respondió el eterno Primario. El azul respondió a lo denso y satisfizo la necesidad.

Trémula la esfera oyó que el Tercero recogía y enviaba la nota; un pleno acorde hizo impacto en los oídos de los Custodios de la Llama.

Los Señores de la Llama se incorporaron y se prepararon. Era la hora decisiva. Los siete Señores de las siete esferas aguardaban el resultado reteniendo el aliento. El gran Señor de la cuarta esfera aguardó lo que llegaba.

Lo inferior estaba preparado. Lo superior sumiso. Los Cinco grandes esperaban el punto equidistante de fusión. Ascendió la nota fundamental. Lo profundo respondió a lo recóndito. El quíntuple acorde esperó la respuesta de Aquellos cuya hora había llegado.

Oscurecióse el espacio entre las esferas. Dos de ellas brillaron. Los triples treinta y cinco consideraron que era exacta la distancia; lanzaron destellos cual llama intermitente; he aquí, que el trabajo fue realizado. Los Cinco grandes se reunieron con los Tres y los Cuatro. Se logró el punto intermedio. Llegó la hora del sacrificio, el sacrificio de la Llama que había perdurado durante eones. Los eternos Unos penetraron en el tiempo. Los Custodios comenzaron Su tarea; he aquí, que el trabajo prosigue.

VI

Dentro de la oscura caverna el cuádruple buscaba a tientas expansión y mayor luz. No descendía luz desde arriba, y la penumbra lo invadía todo. Era total la oscuridad que lo circundaba. Hasta el centro más recóndito del corazón, trémulo, carente de cálida Luz, se introdujo furtivamente el frío de la absoluta oscuridad.

Sobre la oscura caverna brilló la luz del día, sin embargo, no la vio el cuádruple, ni tampoco prevaleció la luz.

La destrucción de la caverna precede a la luz del día. Grande debe ser la destrucción. Ni ayuda ni luz oculta se encuentran dentro de la caverna. Alrededor del cuádruple yace la bóveda de piedra; debajo de él amenaza la raíz de las tinieblas, totalmente densas; sobre él y a su lado sólo se ve lo mismo.

Los triples Custodios saben y observan. El cuádruple está ya preparado; la densidad completa su tarea; el vehículo también está preparado.

Sonó la trompeta de la destrucción. Enceguecedor era el poder de la llama que se aproximaba. El sismo místico sacudió la caverna; las Llamas ígneas desintegran a maya, y he aquí, que el trabajo está realizado.

Se desvanecen las tinieblas y las penumbras; hendido quedó el techo de la caverna. Penetra la luz de la vida; el calor inspira. Los Señores que observan, ven cómo se inicia el trabajo. El cuádruple se convierte en siete. El canto de las llamas se eleva a toda la creación. Ha llegado el momento de la realización.

Prosigue nuevamente el trabajo. La creación sigue su camino mientras se acrecienta la luz dentro de la caverna.

V

Llegó el momento manvantárico, la hora que marcaba el solemne punto de conjunción esperado por todas las Tríadas; llegó dentro del tiempo estipulado. He aquí, que el trabajo fue realizado.

La hora que esperaron, durante milenios, los siete grupos “purúshicos”, vibrando cada uno al sonido de la Palabra e intentando adquirir más poder, pasó en un instante; he aquí, que el trabajo fue realizado:

El Primer Grado fue aclamado poderosamente pues consideraron que el momento era propicio; se emitió la triple nota que reverberó tres veces. El eco llegó a su destino. Lo devolvieron tres veces. Inquieta la esfera azul sintió la vibración y en respuesta sacudió su somnolencia, apresurándose a obedecer al llamado.

El Segundo, con sabia insistencia, al oír al Primero emitir el sonido, sabiendo que la hora había llegado, repitió el sonido con una nota cuádruple. Esta reverberación cuádruple recorrió la gama de las esferas. Nuevamente fue emitida. Tres veces se emitió la nota, repercutiendo a través de los cielos. En la tercera entonación llegó la respuesta al llamado. Vibrante, como afinada cuerda, respondió el eterno Primario. El azul respondió a lo denso y satisfizo la necesidad.

Trémula la esfera oyó que el Tercero recogía y enviaba la nota; un pleno acorde hizo impacto en los oídos de los Custodios de la Llama.

Los Señores de la Llama se incorporaron y se prepararon. Era la hora decisiva. Los siete Señores de las siete esferas aguardaban el resultado reteniendo el aliento. El gran Señor de la cuarta esfera aguardó lo que llegaba.

Lo inferior estaba preparado. Lo superior sumiso. Los Cinco grandes esperaban el punto equidistante de fusión. Ascendió la nota fundamental. Lo profundo respondió a lo recóndito. El quíntuple acorde esperó la respuesta de Aquellos cuya hora había llegado.

Oscurecióse el espacio entre las esferas. Dos de ellas brillaron. Los triples treinta y cinco consideraron que era exacta la distancia; lanzaron destellos cual llama intermitente; he aquí, que el trabajo fue realizado. Los Cinco grandes se reunieron con los Tres y los Cuatro. Se logró el punto intermedio. Llegó la hora del sacrificio, el sacrificio de la Llama que había perdurado durante eones. Los eternos Unos penetraron en el tiempo. Los Custodios comenzaron Su tarea; he aquí, que el trabajo prosigue.

VI

Dentro de la oscura caverna el cuádruple buscaba a tientas expansión y mayor luz. No descendía luz desde arriba, y la penumbra lo invadía todo. Era total la oscuridad que lo circundaba. Hasta el centro más recóndito del corazón, trémulo, carente de cálida Luz, se introdujo furtivamente el frío de la absoluta oscuridad.

Sobre la oscura caverna brilló la luz del día, sin embargo, no la vio el cuádruple, ni tampoco prevaleció la luz.

La destrucción de la caverna precede a la luz del día. Grande debe ser la destrucción. Ni ayuda ni luz oculta se encuentran dentro de la caverna. Alrededor del cuádruple yace la bóveda de piedra; debajo de él amenaza la raíz de las tinieblas, totalmente densas; sobre él y a su lado sólo se ve lo mismo.

Los triples Custodios saben y observan. El cuádruple está ya preparado; la densidad completa su tarea; el vehículo también está preparado.

Sonó la trompeta de la destrucción. Enceguecedor era el poder de la llama que se aproximaba. El sismo místico sacudió la caverna; las Llamas ígneas desintegran a maya, y he aquí, que el trabajo está realizado.

Se desvanecen las tinieblas y las penumbras; hendido quedó el techo de la caverna. Penetra la luz de la vida; el calor inspira. Los Señores que observan, ven cómo se inicia el trabajo. El cuádruple se convierte en siete. El canto de las llamas se eleva a toda la creación. Ha llegado el momento de la realización.

Prosigue nuevamente el trabajo. La creación sigue su camino mientras se acrecienta la luz dentro de la caverna.

VII

Se yergue la caverna de rara belleza, de color tornasolado. Brillan sus paredes de tinte azulado, bañadas en luz rosada. La tinte azul irradia sobre la totalidad, y todo fulgura.

Dentro de la caverna de color iridiscente, en abovedado círculo, permanece el quíntuple Uno, clamando por mas luz. Lucha por expandirse, y se esfuerza por alcanzar el día. Los Cinco llaman al Sexto y al Séptimo mayores. La belleza circundante no satisface la necesidad. El calor interno sólo es suficiente para nutrir el anhelo por obtener el Fuego.

Los Señores de la Llama observan, y en voz alta cantan: “El momento ha llegado, el momento esperado. Que la Llama se convierta en Fuego y que brille la luz.”

El esfuerzo de la Llama, dentro de la caverna de cristal, se acrecienta. Surge el llamado de ayuda para otras almas flamígeras. Llega la respuesta.

El Señor de la Llama, el Anciano, el Poderoso Señor del Fuego, el Punto Azul dentro del diamante oculto, el Joven de los Eternos Eones ayuda en el trabajo. La ígnea luz interna y el expectante fuego externo -conjuntamente con el CETRO- se reúnen en la esfera de cristal; he aquí, que el trabajo está realizado. Se raja el cristal y vibra.

Siete veces se emprende el trabajo. Siete veces se realizan los esfuerzos. Siete veces se aplica el Cetro, sostenido por uno de los Señores de la Llama. Tres son los toques menores; cuatro la ayuda divina. Al final del cuarto, se termina el trabajo y se desmorona la caverna. La interna e ígnea llama se infiltra a través de las agrietadas paredes. Asciende hasta su Fuente de origen. Se fusiona con otro fuego; otro punto azul halla su lugar dentro de la diadema logoica.

VIII

Los Tres mayores, cada uno dentro de sus propias siete ruedas menores, en la espiral evolutiva, giran dentro del Eterno Ahora. Se mueven como uno. Los Señores cósmicos, desde su elevado lugar, observan el pasado, controlan el Ahora, y reflexionan sobre el Día que será con nosotros.

El Lhas del Sonido perdurable, producto del tiempo que fue, trasciende el séptuple despliegue. Dentro del “Círculo no se pasa” se emite la Palabra de Amor.

Los séptuples Señores, con vibración exacta, prosiguen su trabajo. Emiten cada uno una nota del insondable acorde logoico. Cada uno Informa debidamente a Su gran Señor. Mediante el solemne aliento se construyen las formas, coloreadas en exacta proporción, y la flama interna se revela a sí misma con acrecentada luz.

El Señor Azul, quien reunió a todos dentro del arco búdico, emite Su nota. Los otros seis retornan a su fuente de origen, mezclando Sus variados colores dentro de su Primario.

Fue agregado azul al verde y rápidamente se observa su culminación. La vibración del tercero se une al uno. El azul se mezcla con el anaranjado y en esa sabia fusión se observa el inmutable esquema. Al amarillo y al rojo, al púrpura y al fundamental les corresponde la vibración del séptimo, ajustada a la del Primario.

Cada uno de los siete Señores, dentro de Sus siete esquemas, amoldados al segundo círculo kármico, fusionan Sus esferas migratorias y mezclan Sus miríadas de átomos.

Las formas a través de las cuales Ellos trabajan, el millón de esferas menores y la causa de la separación y de la maldición de los Asuras, se desintegran cuando se emite la Sagrada Palabra desde un punto en el tiempo.

Surge la vida logoica. Se funden entre sí las corrientes de color. Quedan rezagadas las formas, y Parabrahma aparece en toda Su plenitud. El Señor del Tercer cósmico pronuncia una Palabra desconocida. La séptuple palabra menor forma parte del acorde mayor.

El Ahora se convierte en el tiempo que fue. El eón se disuelve en el espacio. Se oye la Palabra de Acción. Le precede la Palabra de Amor. El Pasado controla la forma. El Ahora hace evolucionar la vida. El Día que será, pronuncia la Palabra de Poder.

La forma perfeccionada y la vida que evoluciona encierran el tercer secreto de la gran Rueda. Es el misterio oculto de la acción viviente. Misterio perdido en el Ahora, pero conocido por el Señor de la Voluntad cósmica.

IX

Los treinta mil millones de Observadores se negaron a responder al llamado. “No penetraremos en las formas”, dijeron, “hasta el séptimo eón”. Los sesenta mil millones obedecieron al llamado y tomaron las formas designadas.

Los rebeldes se regocijaron internamente y buscaron la paz praláyica, hasta el séptimo eón. Pero los siete grandes Señores convocaron a los grandes Chohanes, y con el eterno Lhas del tercer cielo cósmico entraron en debate.

Entonces se produjo el veredicto. Los rezagados de las esferas más elevadas escucharon su eco a través del esquema. “No será en el séptimo eón, sino el séptimo decimocuarto que volverá nuevamente la oportunidad. El primero será el último y perderán tiempo durante eones.”

Los obedientes Hijos de la Mente hicieron contacto con los Hijos del Corazón y la evolución continuó su camino en espiral. Los Hijos del poder permanecieron en su lugar designado, aunque el karma cósmico obligó a un puñado de ellos a unirse a los Hijos del Corazón.

En el sétimo decimocuarto eón, Los Hijos de la Mente y del Corazón, absorbidos por la llama infinita, se unirán a los Hijos de la Voluntad, durante la manifestación manvantárica. Tres veces girará la rueda.

En el centro se encuentran los budas de actividad, ayudados por los señores del amor, y a continuación de su trabajo dual llegarán los radiantes señores del poder.

Los budas de la creación han surgido del pasado. Los budas del amor ya se están reuniendo. Los budas de la voluntad, al finalizar la última vuelta de la tercera rueda mayor, vendrán al ser en una llamarada. Entonces se habrá consumado el fin.

X

El Quinto progresó, y de los restos del Cuarto se multiplicó y reprodujo. Subieron las aguas. Todo se hundió y sumergió. Los restos sagrados, en su lugar asignado, surgieron más tarde de la zona de seguridad

Retrocedieron las aguas. Apareció la tierra sólida en ciertos lugares predestinados. El Quinto sobrepasó la Tierra Sagrada, y en sus quíntuples grupos se desarrollo el Quinto inferior.

pasaron de una etapa a otra. Los Señores custodios, reconociendo los “rupas” formados, hicieron una señal al Cuarto que circulaba, quien siguió su camino apresuradamente. Cuando la quinta rueda menor había recorrido la mitad del camino y los cuatro menores poblaban la tierra, se irguieron los Señores de Oscura Intención, exclamando: “La fuerza no irá en esa dirección. Las formas y los “rupas” del tercero y cuarto dentro de su correspondiente Quinto, se asemejaban demasiado al arquetipo. El trabajo es demasiado bueno”.

Construyeron otras formas. Pidieron fuego cósmico. Los siete profundos fosos del averno vomitaron sombras animadoras.  Los séptuples entrantes pusieron orden en todas las formas –las blancas, las negras, las rojas y las morenas.

El periodo de destrucción se extiendo por todas partes. El trabajo fue lamentablemente dañado. Los Choanes del plano superior observaron en silencio el trabajo. Los Asuras y los Chaitanes, los Hijos del Mal cósmico y los Rishis de las constelaciones oscuras reunieron sus huestes menores, oscuros engendros del averno. Oscurecieron todo el espacio.

*   *   *   *   *

Con el advenimiento del Enviado del cielo la paz reinó en la tormenta. El planeta tambaleó y vomitó fuego. Una parte se elevó. Otra cayó. La forma se transformó. Millones tomaron otras formas o ascendieron hasta el lugar de espera designado. Esperaron hasta que les llegara nuevamente el momento de progresar.

*   *   *   *   *

Los Tres primitivos crearon los monstruos, las grandes bestias y las formas malignas. Acecharon sobre la superficie de la esfera.

Los Cuatro acuosos crearon dentro de la esfera acuosa reptiles y engendros de maligno renombre, producto de su karma. Llegaron las aguas y arrasaron con los progenitores del engendro liquido.

Los Cinco divisivos construyeron en la esfera de rupa las concretas formas mentales. Las expelieron, estas poblaron los cuatro inferiores y al igual que la negra y maligna nube, oscurecieron la luz del día, ocultando a los tres superiores.

*   *   *   *   *

Se libró la guerra desatada en el planeta. Ambos contendientes descendieron al infierno. Luego llegó el Conquistador de la forma. Extrajo el Fuego Sagrado y purificó los niveles del cuerpo.

El fuego destruyó las tierras en la época del Sexto menor. Cuando apareció el Sexto la tierra había cambiado. La superficie del globo circuló a través de otro ciclo. Los hombres del Quinto superior dominaron a los tres inferiores. El trabajo fue transferido al plano donde permanecía el Peregrino. El triángulo menor, dentro del huevo áurico inferior, se convirtió en el centro de la disonancia cósmica.

XI

La rueda de la vida gira dentro de la rueda de la forma externa.

Circula la materia de Fohat, su fuego endurece todas las formas. La rueda invisible gira en rápidas revoluciones, dentro de la lenta envoltura externa, hasta desgastar la forma.

Los cuarenta y nueve fuegos arden en el centro interno. Los treinta y cinco vórtices ígneos circulantes se extienden a lo largo de la periferia del círculo. Entre los dos pasan, en secuencia ordenada, las llamas de variados colores.

Los grandes Triángulos en su exacta ubicación ocultan el secreto de la rueda de la vida. Irradia el fuego cósmico, dirigido desde la segunda esfera y controlado por el Regidor del rayo fusionante. Las huestes de la tercera esfera circundante, en distintos grados, señalan a los tres inferiores.

La rueda de la vida todavía gira dentro de la forma. Los devas del cuarto hacen contacto con los treinta y cinco y los mezclan con los cuarenta y nueve centrales. Trabajan arriba, tratando de fusionar el todo. Aquellos que en miríadas de formas giran dentro de las ruedas de menor magnitud, se esfuerzan por ascender. El todo es uno, sin embargo, en las esferas inferiores aparecen sólo Ias formas. Por su diversidad parece imposible llegar a comprenderlas o entenderlas.

La mayoría circula. Las formas se construyen, llegan a ser demasiado sólidas, son quebrantadas por la vida y luego circulan nuevamente. Pocas son las que giran manteniendo a la mayoría en el calor del movimiento. El uno abarca todo y conduce todo lo que está en tensa actividad, al corazón de la paz cósmica.

XII

Los Benditos Seres ocultan Su triple naturaleza, pero revelan Su triple esencia mediante los tres grandes grupos de átomos. Tres son los átomos y triple la radiación.

El núcleo interno del Fuego se oculta a sí mismo y sólo es conocido a través de la irradiación y de aquello que irradia. Sólo después de consumirse la hoguera y cuando ya no se sienta su calor, podrá conocerse el fuego.

XIII

A través de la franja color violeta que circunda el Firmamento pasa el globo de color púrpura oscuro. Pasa y no retorna. Es hechizado por el color azul. Tres veces lo envuelve el azul y cuando se ha completado el círculo, el púrpura desaparece y se fusiona con el rosa, y nuevamente atraviesa el sendero.

Tres son los grandes colores del ciclo que se consideran como el cuarto: violeta, azul y rosa con el fundamental púrpura en rotación.

Cuatro son los colores secundarios en el ciclo de discriminación, donde tiene lugar la rotación. Está circundado hasta su punto medio, y algo más allá. La franja que surge es amarilla, anaranjada la nube que oculta y verde la vivificación. Sin embargo, el momento no ha llegado todavía.

Muchos son los fuegos circulantes, y muchas las rondas giratorias, pero sólo cuando los colores complementarios reconozcan su fuente de origen y el todo se amolde a los siete, se contemplará la culminación. Entonces se observará cada color correctamente adaptado y el cese de la rotación.

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